Guardia Nacional, instrumento de clase

Publicado: 17 enero, 2019 en Uncategorized

Mauricio Romero

Al analizar la formación de la llamada Guardia Nacional, preguntémonos dos cosas: por qué y para qué. Es necesario entender los motivos políticos y los intereses de clase que la impulsan.

Para empezar, ¿necesariamente la militarización de un país es `mala´? La respuesta radica más que en la militarización en sí, en los objetivos de dicha estrategia: No es lo mismo crear un nuevo ejército para renacionalizar los bienes nacionales y defenderse de los coletazos de las corporaciones expropiadas, por ejemplo, que para imponer el tren peninsular, la Zonas Económicas Especiales, la rapacidad de Nestlé o cualesquiera de los proyectos coordinados por la oficina presidencial de Alfonso Romo.

Si la nueva corporación militar naciera para apuntalar un régimen revolucionario, que combatiera para lograr una verdadera transformación, la discusión sería qué tan rápido debería instituirse. Evidentemente la emanada del obradorismo no es el caso, pues deviene de una pugna interburguesa en la que la mayoría de la población trabajadora de México seguirá siendo aplastada.

Militarización, ¿en favor de quién? Foto: Cuartoscuro

Los aliados. Más que la militarización, son los intereses. Foto: CUARTOSCURO.COM

Ahora, ¿por qué es de primordial importancia para el nuevo gobierno hacerse de un poder de fuego `propio´, ajeno en principio a las estructuras de las administraciones anteriores?

AMLO tiene el poder político, que materialmente no es el poder real. El ejemplo de Madero da cuenta de ello. Y aunque constitucionalmente sea comandante supremo de las Fuerzas Armadas, López Obrador no puede confiar plenamente en la fidelidad del Ejército ni de la Marina en tanto instrumentos de círculos políticoempresariales ajenos al suyo.

A pesar de los esfuerzos de López Obrador por intentar mantener una actitud conciliadora con los poderes fácticos, no obstante su abierto viraje aún más a la derecha, el rencor de los grupos más reaccionarios del país persiste. Ni su entreguismo a las doctrinas y agendas neoliberales amaina la sed de corporaciones y empresarios que no terminan por entender que el lavado de cara al capitalismo que ofrece el obradorismo les beneficiará tanto a corto como a largo plazo.

Grupos poderosos aún no se convencen del salinismo remasterizado de la nueva administración, y por tanto son una amenaza para el actual gobierno. La vida de López Obrador, literalmente, así como el legado que busca construir, aún están a merced de un arreón de cualquiera. Y para afianzarse, en lo que las entrañas de las Fuerzas Armadas son reestructuradas, necesita un cuerpo con la capacidad de responder en caso de que un golpe se dé.

Otro motivo objetivo es la herencia de múltiples guerras entre cárteles, legales e ilegales, en las que la población de todo el territorio está en riesgo de caer ante las balas cruzadas. El infierno es generalizado.

En la Historia se han dado múltiples casos en los que personajes que estuvieron en contra de un conflicto armado, después, ya en el poder, se ven obligados encabezar el fuego. Con las policías descontroladas, el Ejército y la Marina serían su opción. Pero como ya se apuntó, estas aún son un arma de doble filo para su propio proyecto, entonces opta por una corporación híbrida, con mandos y estructuras también militares pero surgidas bajo su vigilancia.

Entre el caos imperante en cada tramo del país sería imposible desarrollar cualquier proyecto de gobierno. Por ello, el control –entiéndase capacidad de manipulación– de la violencia es un objetivo de primer orden para la administración morenista, para los interés empresariales que están detrás de ella.

Remate por bajo

Los panistas no son autoridades para patalear sobre el tema –de hecho deberían estar agradecidos con que ninguna verdadera revolución les explotó, porque hubieran sido los primeros a los que habría buscado la ira popular, empezando por sus presidentes–, son solo achichincles que un día hicieron de administradores públicos de negocios privados a costa de la miseria generalizada y que para ello utilizaron la fuerza ilegal. Su oposición es una muestra más de su hipocresía, un ardid pragmático más. Empero, cuando el obradorismo fracase y la esperanza se rompa, peores huestes –en fase superior del calderonismo– se reorganizarán y tendrán a la mano el andamiaje legal que este sexenio deje para la Guardia Nacional.

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